Marcelo Seia, arquitecto: “Este es el problema del anafe de la cocina que nadie te cuenta hasta que ya es tarde”
24 de Ago de 2026
El experto contó cuáles son las principales cuestiones a tener en cuenta antes de instalar uno empotrado. El anafe se convirtió en una de las opciones más elegidas para lograr cocinas modernas, prolijas y con mayor superficie de mesada. Sin embargo, detrás de su apariencia estética hay una decisión que muchas veces queda en segundo plano: dónde colocar el horno. El arquitecto Marcelo Seia explicó en su canal de YouTube @arquitectomarceloseia8716 cuáles son los principales aspectos que hay que tener en cuenta antes de reemplazar una cocina tradicional por un anafe y advirtió que el cambio puede implicar más costos, menos espacio de trabajo y hasta una reforma de la cocina. “Cuando elegís anafe en lugar de una cocina tradicional, no estás decidiendo solamente dónde vas a poner las ollas. También estás dejando una pregunta enorme sin responder: ¿y el horno, dónde va?”, planteó Seia. El problema que aparece cuando hay que reemplazar el anafe Un aspecto que muchas veces no se contempla es el mantenimiento y el reemplazo a futuro. Mientras que una cocina tradicional puede ser cambiada por otra de medidas similares, un anafe embutido queda condicionado por el corte realizado en la mesada. “El día que lo tengas que cambiar habrá que buscar uno que calce exactamente en el hueco que te quedó”, explicó Seia. Por eso, la decisión no debería tomarse solamente pensando en el diseño actual, sino también en futuras reparaciones o renovaciones. Cambiar una cocina tradicional por un anafe puede ser más complicado de lo esperado Si la cocina ya está instalada, reemplazar una cocina tradicional por un anafe tampoco necesariamente es una tarea sencilla. Al retirar el artefacto puede quedar un espacio que no coincida con las dimensiones necesarias para el nuevo sistema. También puede faltar mobiliario debajo de la mesada o ser necesario realizar nuevos cortes e incluso cambiar un tramo completo. “Lo que parecía una renovación sencillita, simple, termina siendo media reforma de cocina”, advirtió el arquitecto. Por eso, antes de comprar el anafe es fundamental definir dónde irá el horno y qué modificaciones serán necesarias. El precio del anafe no es el costo final Otro de los puntos centrales señalados por Seia es el presupuesto. El precio publicado de un anafe puede parecer atractivo si se lo compara directamente con una cocina tradicional, pero la comparación correcta debería hacerse entre sistemas completos. Una cocina tradicional incluye en un mismo artefacto las hornallas y el horno, mientras que el anafe requiere sumar otros elementos: horno, mueble, corte de la mesada y las instalaciones correspondientes. “Cuando comparás anafe contra cocina tradicional, el anafe muchas veces parece más barato y en realidad puede serlo si lo comparás solo en una vidriera y sin nada alrededor”, explicó. En el caso de un anafe a gas, además, la conexión debe ser realizada o revisada por un gasista matriculado. Si el horno es eléctrico, es necesario verificar que la instalación existente pueda soportar su consumo y determinar si hace falta un circuito adecuado. En sistemas separados también pueden ser necesarias conexiones y tomas independientes y accesibles. “Nada de esto es imposible, pero todo tiene un costo que no está en la etiqueta del artefacto cuando mirás el precio que está publicado”, remarcó Seia. La principal ventaja del anafe: una mesada más limpia y continua Uno de los puntos a favor del anafe es su integración con la mesada. Al quedar embutido, permite mantener una superficie más uniforme y elimina los espacios laterales que suelen quedar alrededor de las cocinas tradicionales. Según el arquitecto, esos pequeños huecos pueden convertirse en un problema cotidiano porque allí terminan acumulándose migas, grasa y suciedad. “Cuando está bien embutido te deja una mesada continua sin interrupciones”, destacó. Aunque existen soluciones para las cocinas tradicionales, como cubrelaterales de goma o silicona, Seia reconoció que el anafe tiene una ventaja estética evidente: permite una terminación más limpia y moderna. Pero esa mejora visual trae una nueva pregunta: qué hacer con el horno. Horno elevado o bajo mesada: qué se gana y qué se pierde Una de las alternativas es instalar el horno en una columna independiente, separado del anafe. La principal ventaja es la comodidad para la espalda, ya que permite evitar agacharse cada vez que se utiliza. Sin embargo, Seia advirtió que colocar el horno a una altura elevada también tiene una desventaja vinculada con la manipulación de fuentes calientes. “Sacar una fuente pesada que está caliente o hirviendo a la altura del pecho tampoco es gratis. Si se te resbala ahí, no cae al piso desde 20 o 30 centímetros, te cae encima”, explicó. Además, el horno elevado ocupa un módulo completo del mobiliario, de aproximadamente 60 centímetros. En una cocina grande puede no representar un inconveniente, pero en espacios pequeños puede significar perder una parte importante de la mesada. La segunda alternativa es colocar el horno debajo del anafe. De esta manera, se mantiene la superficie de trabajo continua y se evita destinar una columna exclusiva al electrodoméstico. La desventaja es evidente: hay que agacharse para utilizarlo. Para Seia, en una cocina pequeña puede ser una solución conveniente porque la mesada se utiliza mucho más frecuentemente que el horno. “¿Cuántas veces por día usás la mesada y cuántas veces por día usás el horno?”, planteó. Y agregó: “En una cocina chica muchas veces prefiero agacharme un par de veces por semana para usar el horno antes que perder mesada todos los santos días”.
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