Yone, de 32 años, compró una casa entre las montañas y vive con sus animales rescatados: “Yo quería un sitio con muy poca gente”
21 de Oct de 2026
La mujer eligió una vida lejos del ruido urbano y enfrentó el desafío de rehabilitar una vivienda rodeada de naturaleza. A los 32 años, una española llamada Yone decidió dar un giro radical y mudarse a una casa perdida entre las montañas de la ciudad de Burgos, acompañada por los animales que rescató a lo largo de los años. A la vivienda la encontró casi por casualidad y tuvo que remodelarla. Desde pequeña, Yone sintió una atracción especial por la tranquilidad y el silencio de los paisajes abiertos. Por eso, cuando empezó a buscar una vivienda, tenía claro que no quería limitarse a cuatro paredes: buscaba un lugar donde pudiera sentirse libre y en contacto con la naturaleza, según contó en el canal de YouTube de hilux_aventura. Su primera intención fue instalarse en otro pueblo, pero los precios y las características de las casas no se ajustaban a su presupuesto ni a sus expectativas. La oportunidad apareció en las montañas de Burgos, donde encontró una propiedad que, aunque no era perfecta, le ofrecía el entorno que deseaba. La vivienda tenía un precio inicial de 85.000 euros, pero tras negociar logró comprarla por 70.000 euros. Más que la casa en sí, lo que la convenció fue el entorno: “Yo quería un sitio donde viva con muy poca gente y donde me pueda ir en pijama al monte. Entonces, más que la casa, pagué el entorno”, contó. La primera visita fue en enero de 2026 y, tras meses de búsqueda y dudas, finalmente se mudó en abril de ese año. Sin embargo, el trabajo recién comenzaba. Una casa con magia, pero llena de desafíos Desde el primer momento, Yone sintió una conexión especial con la vivienda, como si el lugar la hubiera estado esperando. “La casa tiene magia, te llama, me estaba esperando”, aseguró. Detalles como el número, la calle y el nombre de la propiedad reforzaron esa sensación de destino. Pero el encanto inicial ocultaba una realidad compleja. La casa, construida en 1986, requería importantes trabajos de reforma. La vegetación había invadido el exterior y dañaba la estructura, mientras que en el interior la carcoma afectaba la madera y las vigas necesitaban reparación. Además, surgieron problemas de fontanería y otros detalles que no se habían detectado en la primera visita. La situación llegó a ser tan difícil que Yone pensó en vender la casa. “Tú te compras una casa que llevas muchísimo tiempo buscando y lo único que quieres es pintar y poner todo bonito… y te encuentras con un percal que madre mía, lo único que quieres es vender tu casa de nuevo”, relató. Con el paso de los meses, la percepción cambió y lo que parecía un problema imposible de resolver empezó a transformarse en un proyecto de vida real. “Ahora han pasado varios meses y ya digo… bueno, pues igual sí que puedo vivir aquí”, reconoció. El costo emocional de cambiar de vida y la apuesta por el bienestar El proceso de adaptación no fue fácil. Yone atravesó momentos de soledad, agotamiento y dudas. “Tengo 32 años. Llegar hasta aquí ha sido muy duro sentimentalmente y todo el camino, los límites mentales que te ponen hasta llegar hasta aquí”, explicó. A pesar de todo, la posibilidad de organizar su tiempo de otra manera y alejarse de la rutina urbana compensa los desafíos. “Viviendo en la naturaleza no estás como apagado, muerto y todo el día mirando el móvil”, reflexionó.
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